jueves, 22 de septiembre de 2011

Más de Lucy Maud


Una de “Emily triunfa”, de LM Montgomery: “Siento en los huesos que llegaré a ser una vieja solterona, lo que es muy diferente a que a una no le quede otro remedio que ser una vieja solterona.”

Más de la Susie

Creo que, de todas las que he colocado en esta lista, la más adecuada – es decir, la que nunca tuvo NI SIQUIERA un novio, un coqueteo, ni nada de eso – es la señorita Susan, la que trabajó como empleada para Anne Blythe. Eso es. La mina esa era sencilla, alegre, y se tomaba con resignación lo de ser solterona. He encontrado mi personaje. Se llama Susan Baker. Según se la describe, es: “Susan Baker, una solterona de Glen, de rostro avinagrado y buen corazón.” Me gusta. De rostro avinagrado, pero que intenta tener buen corazón. En otro libro se dice que es “Susan Baker, la oscu¬ra, severa y leal criada.” La gran diferencia que enuentro entre nosotras es que a Susan no e agradaban los gatos, y a mí me chiflan.

miércoles, 21 de septiembre de 2011

Hay más

Otra: “Su propio matrimonio era un hecho tan inconcebible que la mera idea de pensar en él parecía algo presuntuoso, además de completamente irracional”, de “El padre escrupuloso” de George Grissing.

Más de Luisa Alcott


Esto es de su libro “Guirnalda de flores”: “-¡Qué románticas son las solteronas!”

Del mismo: “No podía leer, sino que me senté en la cubierta superior, regalando mis ojos, y soñando, como hacen incluso las solteronas cuando van de vacaciones.”


viernes, 1 de enero de 2010

Otra más, contemporánea esta vez

Dodd: “—Una mujer fea, que no sea aficionada a fantasear, que tenga los pies en el suelo. Una mujer mayor. Una mujer mayor que haya abandona­do toda esperanza de casarse, o incluso de amar.”

Más de la Dodd: “Quiero una casa en el campo. Solo una casita, con una valla y un gato que se tumbe en mi regazo y un perro que duerma a mis pies. Un pedazo de tierra para plantar un jardín con flores y hortalizas, comida en la mesa y un poco de tiempo libre para leer los libros que no he podido leer o sencillamente para... sentarme al sol.”

Más: “Hay cosas peores que ser una solterona.”

Y: “Y sola estaré hasta el día en que me muera.”

Otra más: “Soy una solterona y es mi deber servir de buen ejemplo para vosotras las jóvenes”.

Más de Dodd: “Estás convirtiéndote en una vieja solterona con un gato.”

De Jefj Lindsay, en uno de sus “Dexter”: “Su secretaria, Gwen, una de las mujeres más eficientes de la historia, estaba sentada ante su escritorio. También era una de las más feas y serias,”

Otra, de una nueva, Cheryl Holt: “Se veía como una mujer común, demasiado rolliza y con el cabello demasiado oscuro. En una sociedad en la que se esperaba que las seño­ritas fuesen rubias y lánguidas, siempre llamaba la atención. A partir los trece años, cuando su generosa figura empezó a desarrollarse, co­menzó a sentirse torpe e inepta, una sensación que jamás la abandonó. Cuando los brutales jóvenes de la alta sociedad intentaron cortejarla, siendo aún una jovencita, habían sido hirientes: conocía muy bien la rudeza y la descortesía.
(Su propio padre fue el primero en sugerir que, como carecía de atractivos, lo mejor que podía hacer era renunciar por completo a la idea de casarse y formar una familia, y ella lo aceptó.) En las pocas ocasiones en que realmente expresó sus dudas al respecto, su padre argumentaba que había tomado la decisión correcta y Elizabeth, sin pensarlo, asen­tía. Se aferraba a la soledad y a la agradable rutina que le daba su condi­ción de solterona.”

sábado, 26 de septiembre de 2009

En la Novela Romántica

Esto es de Helen Fielding, “Bridget Jones: sobreviviré”: “Obviamente, algo va mal en mí. Me voy haciendo cada vez más y más vieja y está claro que nunca habrá nada que funcione, así que quizá sea mejor que acepte que voy a estar sola siempre y que nunca voy a tener hijos.”

Otra autora: “Los años pasaban y los hombres parecían ser notablemente capaces de resistir sus encantos, aunque estu­viesen vestidos con sedas y encajes. Sospechaba que guardaba cierta relación con su expresión, que, según le habían dicho, era algo adusta” Cristina Dodd, “la princesa fugitiva”.

viernes, 4 de septiembre de 2009

La visión de Lucy Maud Montgomery

Otro más:” Mamá ya ha perdido las esperanzas de que me case, así que me deja tranquila, pero el resto me tortura.”. De Lucy Maud Montgomery, en “Anne, la de los álamos ventosos”.

Me llama la atención la Lucy Maud. Ella se casó como a los treinta y cuatro. Me cae bien.

Otro más: “Sé que no soy sociable; nunca se me ocurre el comentario adecuado para una situación. Y ten­go plena conciencia de que es mi culpa que siempre me pasen por alto en eventos sociales. He convertido en un arte el ser desagradable. Sé que soy sarcástica y que mis alumnos me consideran una tirana; me consta que me odian. ¿Crees que no me duele saberlo? Siempre me mi­ran con miedo... odio a la gente que me mira como si me tuviera miedo. Ay, Anne... el odio me consume como una enfermedad. Quiero ser como las otras personas... y ahora nunca podré. Eso es lo que me vuelve tan amarga.” Idem.

Y hay más: . La que suscribe, dueña de pocos encantos personales y que comienza a sentir su edad (aunque todavía sirve para unos cuantos años más), jamás se permitió albergar aspiraciones matri­moniales. Ibídem.

Otra: “Yo soy una vieja solterona, pero usted nunca me oirá hablar mal de los hombres. A mí me gustan. Me habría casado de haber podido. ¿No es raro que nadie me haya propuesto nunca matrimonio, querida señora? No soy ninguna belleza, pero no soy más fea que la mayoría de las mujeres casadas que hay por ahí. Pero nun­ca tuve novio. ¿Cuál le parece que pudo haber sido la razón?
—Puede ser el destino —sugirió Anne, con solemnidad. Susan asintió.
—Eso es lo que he pensado muchas veces, querida señora, y es un gran consuelo. No me importa que nadie me haya querido si es debido a los designios del Todopoderoso.” De “Anne y la casa de los sueños”, Lucy Maud Montgomery.

Más de la misma: “Cielo santo, Anne, soy una vieja solterona, pero ahí también radica mi consuelo: jamás seré la «extinta es­posa» de ningún hombre.”

Y aún más: “Aquí estoy yo, que jamás he dicho una palabra en contra de los hombres, y no hay manera de que pueda casarme.” Igual procedencia.

Y dale con la Maud, pero otro libro: “El Valle Del Arcoíris”: “ser una vieja solterona no duele una vez que te acostum­bras”

Otro más de ella. Es una fuente de inspiración. Debe ser porque la mina se casó después de los treinta, en tiempos que eso ya era ser solterona. Este es de “Rilla”: “Siem­pre pensé que me gustaría tener al menos una [propuesta matrimonial] para recha­zarla, cosa de poder mirar a las otras mujeres a los ojos”

Y suma y sigue. Más de donde vino el anterior: “No tengo marido ni lo tendré, pero no voy a privarme de todo y me tomaré una luna de miel.”