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Un espacio para unir las ideas de las solteronas que he encontrado en mis lecturas
sábado, 24 de septiembre de 2011
jueves, 22 de septiembre de 2011
De Helen Fielding
Una de Bridget Jones, sobreviviré: “Y entonces, sentadas en las escaleras, tuve una conversación larga y bastante seria con ella en la que le hablé de que todas las personas somos diferentes y algunas Solteronas”
Más de Lucy Maud
Más de la Susie
Creo que, de todas las que he colocado en esta lista, la más adecuada – es decir, la que nunca tuvo NI SIQUIERA un novio, un coqueteo, ni nada de eso – es la señorita Susan, la que trabajó como empleada para Anne Blythe. Eso es. La mina esa era sencilla, alegre, y se tomaba con resignación lo de ser solterona. He encontrado mi personaje. Se llama Susan Baker. Según se la describe, es: “Susan Baker, una solterona de Glen, de rostro avinagrado y buen corazón.” Me gusta. De rostro avinagrado, pero que intenta tener buen corazón. En otro libro se dice que es “Susan Baker, la oscu¬ra, severa y leal criada.” La gran diferencia que enuentro entre nosotras es que a Susan no e agradaban los gatos, y a mí me chiflan.
miércoles, 21 de septiembre de 2011
Hay más
Otra: “Su propio matrimonio era un hecho tan inconcebible que la mera idea de pensar en él parecía algo presuntuoso, además de completamente irracional”, de “El padre escrupuloso” de George Grissing.
Más de Luisa Alcott
viernes, 1 de enero de 2010
Otra más, contemporánea esta vez
Dodd: “—Una mujer fea, que no sea aficionada a fantasear, que tenga los pies en el suelo. Una mujer mayor. Una mujer mayor que haya abandonado toda esperanza de casarse, o incluso de amar.”
Más de la Dodd: “Quiero una casa en el campo. Solo una casita, con una valla y un gato que se tumbe en mi regazo y un perro que duerma a mis pies. Un pedazo de tierra para plantar un jardín con flores y hortalizas, comida en la mesa y un poco de tiempo libre para leer los libros que no he podido leer o sencillamente para... sentarme al sol.”
Más: “Hay cosas peores que ser una solterona.”
Y: “Y sola estaré hasta el día en que me muera.”
Otra más: “Soy una solterona y es mi deber servir de buen ejemplo para vosotras las jóvenes”.
Más de Dodd: “Estás convirtiéndote en una vieja solterona con un gato.”
De Jefj Lindsay, en uno de sus “Dexter”: “Su secretaria, Gwen, una de las mujeres más eficientes de la historia, estaba sentada ante su escritorio. También era una de las más feas y serias,”
Otra, de una nueva, Cheryl Holt: “Se veía como una mujer común, demasiado rolliza y con el cabello demasiado oscuro. En una sociedad en la que se esperaba que las señoritas fuesen rubias y lánguidas, siempre llamaba la atención. A partir los trece años, cuando su generosa figura empezó a desarrollarse, comenzó a sentirse torpe e inepta, una sensación que jamás la abandonó. Cuando los brutales jóvenes de la alta sociedad intentaron cortejarla, siendo aún una jovencita, habían sido hirientes: conocía muy bien la rudeza y la descortesía.
(Su propio padre fue el primero en sugerir que, como carecía de atractivos, lo mejor que podía hacer era renunciar por completo a la idea de casarse y formar una familia, y ella lo aceptó.) En las pocas ocasiones en que realmente expresó sus dudas al respecto, su padre argumentaba que había tomado la decisión correcta y Elizabeth, sin pensarlo, asentía. Se aferraba a la soledad y a la agradable rutina que le daba su condición de solterona.”
Más de la Dodd: “Quiero una casa en el campo. Solo una casita, con una valla y un gato que se tumbe en mi regazo y un perro que duerma a mis pies. Un pedazo de tierra para plantar un jardín con flores y hortalizas, comida en la mesa y un poco de tiempo libre para leer los libros que no he podido leer o sencillamente para... sentarme al sol.”
Más: “Hay cosas peores que ser una solterona.”
Y: “Y sola estaré hasta el día en que me muera.”
Otra más: “Soy una solterona y es mi deber servir de buen ejemplo para vosotras las jóvenes”.
Más de Dodd: “Estás convirtiéndote en una vieja solterona con un gato.”
De Jefj Lindsay, en uno de sus “Dexter”: “Su secretaria, Gwen, una de las mujeres más eficientes de la historia, estaba sentada ante su escritorio. También era una de las más feas y serias,”
Otra, de una nueva, Cheryl Holt: “Se veía como una mujer común, demasiado rolliza y con el cabello demasiado oscuro. En una sociedad en la que se esperaba que las señoritas fuesen rubias y lánguidas, siempre llamaba la atención. A partir los trece años, cuando su generosa figura empezó a desarrollarse, comenzó a sentirse torpe e inepta, una sensación que jamás la abandonó. Cuando los brutales jóvenes de la alta sociedad intentaron cortejarla, siendo aún una jovencita, habían sido hirientes: conocía muy bien la rudeza y la descortesía.
(Su propio padre fue el primero en sugerir que, como carecía de atractivos, lo mejor que podía hacer era renunciar por completo a la idea de casarse y formar una familia, y ella lo aceptó.) En las pocas ocasiones en que realmente expresó sus dudas al respecto, su padre argumentaba que había tomado la decisión correcta y Elizabeth, sin pensarlo, asentía. Se aferraba a la soledad y a la agradable rutina que le daba su condición de solterona.”
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